El artista mendocino falleció a los 97 años. Radicado en París desde fines de la década de 1950, fue una de las figuras más influyentes del arte contemporáneo y recibió el Gran Premio de Pintura de la Bienal de Venecia en 1966.
Julio Le Parc, uno de los artistas argentinos de mayor reconocimiento internacional, murió este viernes a los 97 años. Referente del arte cinético y lumínico, desarrolló una obra que transformó la relación entre el público y las artes visuales a través de la experimentación con el movimiento, la luz y el color.
Nacido en Mendoza el 23 de septiembre de 1928, Le Parc se radicó en París a fines de la década de 1950, ciudad desde la cual construyó una trayectoria que lo ubicó entre los principales exponentes de la vanguardia artística del siglo XX.
En 1960 integró la fundación del Grupo de Investigación de Arte Visual (GRAV), un colectivo que impulsó nuevas formas de interacción entre las obras y los espectadores. Sus trabajos buscaron romper con la contemplación pasiva del arte y promover experiencias participativas a través de dispositivos lumínicos, estructuras móviles y entornos inmersivos.
A lo largo de más de seis décadas de producción, sus creaciones fueron exhibidas en algunos de los museos y centros culturales más importantes del mundo. Entre ellos, el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), el Centro Pompidou de París y el Centro Cultural Kirchner de Buenos Aires (Palacio Libertad).
Julio Le Parc, La obra infinita, Impresión digital, Medidas sin marco: 23 x 29 cm, Medidas con marco 47 x 41 cm, Año: 2021, Serie 30/40.
El reconocimiento internacional llegó en 1966, cuando obtuvo el Gran Premio Internacional de Pintura de la Bienal de Venecia, una de las distinciones más importantes del circuito artístico mundial.
Aunque desarrolló gran parte de su carrera en Francia, mantuvo una relación constante con la Argentina. En los últimos años protagonizó importantes retrospectivas que convocaron a miles de visitantes y acercaron su obra a nuevas generaciones.
La muerte de Le Parc cierra una de las trayectorias más destacadas del arte argentino contemporáneo. Su legado permanece en una producción que redefinió el uso de la luz y el movimiento como herramientas de creación artística y que continúa formando parte de colecciones y exposiciones en todo el mundo.